jueves, 17 de noviembre de 2011

Cuando vuelva...Noviembre

No sé con qué derecho se atreve el tiempo a pasar tan rápido. Otra semana que ha acabado. Y esta lo ha hecho extrañamente deprisa. Es verdad también eso que dicen de que cuantas más cosas tienes que hacer menos atención le prestas a los minutos. Y sí, pese a lo que muchos penséis, he tenido muchos trabajos que presentar ante la clase. No es todo jauja en Letonia. Un tema fue el Parlamento Europeo, otro fue una campaña de publicidad y otro sobre un producto revolucionario que cambiaría el curso de la humanidad y que acabaría con los problemas de escasez en el mundo. El agua en polvo. ¿Estaría bien eh? El contenido no es siempre lo más importante. La cosa es que hablemos en público. Les encanta. Ellos mismos lo han confesado. “Aprendemos los idiomas hablando y equivocándonos. La gramática y las aptitudes de escritura vienen después”. Vaya.
Pero lo que más me ha marcado de la semana fue el extraño rato que pasó ayer un compañero mío ruso (este sí, este sí que es una bellísima persona) cuando la profesora de ("Spoken english", que también es la de "Culture and civilization", y la de "Presentation skills", una tía preparada, con muy bien inglés, y maja, pero a la que a veces le pueden las formas) le dijo delante de toda la clase, que su trabajo no estaba bien hecho, que no se había atenido a lo que ella había pedido, que había tirado por el camino fácil. Que estaba MAL, MAL, MAL. Y él, mirándola fijamente, sin parpadear, con un poema por cara...¡Paraaaaaa, no ves que estás hundiendo al pobre chaval! ¡Tampoco ha hecho la exposición taaaan mal! Y yo que tengo mucha imaginación, empecé a pensar en el pobre muchacho, de familia rusa, pero de identidad letona, aunque no de nacionalidad, porque ya dije que no les conceden la ciudadanía. En su casa del bosque. A una hora de la universidad. En little Siberia. Como en las películas. Con un padre minero, con un triste pasado y con un incierto futuro…Se me vino a la cabeza Anastasia, la de la película, cuando pierde el tren y con él a los Romanov, y se queda sola, desamparada,…en diciembre :).

Menudo carácter tienen estos letones. Entiendo que les guste decir las cosas a la cara, directos, sin tonterías. Vale. Pero a veces está bien lavar los trapos a un lado. Y no mostrar en público, por ejemplo, las calificaciones. Que han mandado un e mail conjunto a todos los erasmus, con una tabla con las notas que vamos sacando. Eso en Madrid es impensable, vaya, que es todo secreto, que tienes que buscar tu DNI, porque al parecer está prohibido poner las notas con el nombre en público. Pues aquí no. Te hacen una circular, y les cuentan a todos los detalles si hace falta. Porque dicen que eso forma parte de tu progreso, y que para bien o para mal, has de afrontarlo. Pues que así sea.

Vámonos a merendar.

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