sábado, 13 de octubre de 2012

El viaje de mi vida

Fue tan tan tan mágica la noche de San Juan (Ligo), que sin darme cuenta cerré los ojos y he despertado hoy, como si todo esto, todo lo bueno que me ha pasado en Letonia, toda la gente maravillosa e inspiradora que he tenido la suerte de conocer, todo lo que he aprendido y todo los sentimientos que allí he dejado...haya sido tan solo un sueño. UN MARAVILLOSO SUEÑO.

      Llegados a este punto creo que dar las gracias sería, de algún modo, redundante. Estos diez meses en Letonia han constituido para mí un verdadero tesoro vital. Puede que estuviera lejos de casa, que no entendiera el letón, que hiciera un frío atroz o que no brillara el Sol. Pero aun así, he sido incalculablemente feliz. Y ante eso, poco más se puede expresar. 

      Me he dado cuenta de cómo soy, de lo que anhelo, y de lo quiero. De lo que me gusta en las personas y de lo que no. De que en España, a pesar de las estadísticas, no se vive tan mal, - evitemos compararnos siempre con Alemania, pensemos tal vez en Europa del Este-. Cometimos muchos errores, y en muchos otros estamos cayendo ahora. Sin embargo, tenemos algo bueno: somos muchos. Y eso nos otorga riqueza, poder y tolerancia. Y deberíamos valorarlo más. Hay quienes afirman desinformadamente que los españoles somos “ociosos  y perezosos”. Sin embargo, una gran mayoría nos agradece nuestra forma de vivir, de ser, de sentir. Porque creen que, por encima de todo, “los españoles somos muy humanos”.

     El extranjero te hace seguro e independiente, sabiendo que pase lo que pase siempre te tendrás a ti mismo. Te abre los ojos ante el mundo real, y no el de los libros, descubriéndote las virtudes y las miserias, los miedos y las pasioncillas que, en el fondo, albergamos todos. Te enseña a vivir “con cuatro cosas” que al encontrarlas a tu vuelta reconocerás que ya ni siquiera te hacen falta. Te conquista con tan sólo una mirada cómplice. Un abrazo. Una sonrisa.

      Vivimos tiempos “no muy fáciles”. Para nadie lo son. Pero eso no quiere decir que no haya un sitio para cada uno de nosotros. El secreto está en no dejar de buscarlo nunca, con ilusión y dedicación, haciendo que durante esta búsqueda se apasionen también otros. Nos meten en la cabeza la idea del triunfo, de destacar, de ser siempre el mejor, a pesar de que lo verdaderamente insuperable sería aprender a vivir todos juntos. Nos hemos empeñado en componer la suma de nuestros días poniendo unas piedras encima de otras cuando, en realidad, lo que deberíamos hacer sería colocarlas todas en un gran círculo en el que, si bien ninguna llegará individualmente al pico, sí permitirá que se miren las unas a las otras.

       Sea como sea, a una historia letona tan fabulosa como ésta, y a todas las personas que la han hecho posible y que han pasado por ella, es imposible no cogerles cariño. Mucho cariño. Y por eso esta experiencia debe guardarse en una cajita del corazón -para que lata siempre- y en un amplio sector de la memoria para que nos recuerde, cada día de nuestra vida, que también nosotros fuimos un día extranjeros, “inmigrantes” de otro suelo, y nos gustó que alguien, altruistamente, nos tendiera su mano.

Muchas gracias...Y HASTA SIEMPRE

(una entrada, no de adiós, sino de hasta pronto, necesitaba tener una banda sonora, y nada mejor que esta preciosa canción compuesta e interpretada por mis queridas Dvines (Anastasia & Katherine), que sí, puede que sean famosas en Letonia, pero tengo la suerte de decir que detrás de todas las luces que las enfocan, hay proyectada una sombra muy muy humana. Y yo tuve la suerte de toparme con ella. :)

Visu labu!


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