En Letonia hay una ciudad “al lado del mar” que se llama Jurmala. En Jurmala hay una playa con vistas al mar Báltico, de nombre “Majori”. Y esta playa en invierno se congela, pintando kilómetros y kilómetros de color blanco. Y el frío que hace allí no es normal. Tan anormal que hasta los letones dicen “que no es humano”. Y si para ellos estas temperaturas de -27º no son habitables, entonces para mí…no sé lo que son. La estampa es impresionante. Y el frío que hace…curioso también. Y el secreto está en hacer muchas fotos sin morir en el intento. Porque si sacas las manos de los bolsillos estás perdido. Perdidamente congelado. No quiero pensar qué pasa y qué está pasando en media Europa con los mendigos que no tienen donde ir por la noche. Porque hace frío. MUCHO FRÍO. Doy fe de ello. Pero pienso también en quienes cruzan la Antártida con esos buques rompiendo el hielo sintiéndose dioses en medio de un espacio tan grande. Tan inmenso. Pero sintiéndose a la vez seres muy muy pequeños por tanto silencio.
Sin embargo, a pesar de las bajas temperaturas hemos sido tan felices como niños con nuestra playa congelada. En realidad, pensado “fríamente” tan solo es una playa más…no? Con su gente caminando por el paseo marítimo y sus mensajes en una botella...:)
Y cuando estábamos allí, mirando al horizonte, pensando que al final de ese mar está Finlandia, ha llegado un hombrecillo letón con una bata, se ha quitado la ropa y se ha metido al agua rompiendo el hielo de la orilla, a lo vikingo. Y ante un espectáculo como éste, y siendo como somos de impresionables no nos ha quedado otra cosa que…APLAUDIRLE!




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