Claro que tampoco es que todo sea de color de rosa cuando te levantas un lunes, un martes, un miércoles…un jueves y nieva, y no hace sol, y no se puede estar en la calle más de 2 horas seguidas porque hace mucho frío, y te mueres cual estatua congelada...
O cuando quieres decirle algo a alguien y esa persona no sabe inglés y tú no sabes ni ruso ni letón. Y te habla y tú no le puedes entender. Como no entiendes lo que pone en las etiquetas de las cosas en el mercado. Ni en la televisión.
O cuando ves que en Letonia, quitando una minoría, la gente pasa verdaderas penalidades para salir adelante por sus bajos sueldos, por el tiempo, y por los problemas de nacionalidad entre rusos y letones.
O cuando vas a la Universidad y te das cuenta, como en Madrid, que algunas veces aprovecharía más el tiempo quedándome en casa leyendo el periódico o hablando con alguien, que escuchando a un profesor repetir exactamente las mismas palabras de una diapositiva sobre un temario que ya me contaron en primero, en segundo, en tercero, y que solo te saca en claro que las tecnologías de la información están cambiando y hay que tener el último grito de Apple. Que si quieres llegar a algún lado tienes siempre que competir con los demás. Ser el mejor.
Sin embargo, todo eso son pequeñeces, hay otras cosas, y creo sinceramente y aunque suene pasteloso, que el Erasmus es como una metáfora de la vida, pues vienes igual que te vas, solo, y da igual lo que acumules y compres porque al final lo único que te vas a poder llevar en la maleta (y en la no maleta) son los buenos ratos, y la buena gente, que sinceramente, es mucha. Y es necesario vivir fuera de casa al menos una vez en la vida, para darte cuenta de que en el fondo las cosas en España no son tan malas como algunos las pintan, de que en el mundo hay mucha otra gente, con otras felicidades y también pesadumbres, que hacen que nuestros problemas sean insignificantes a su lado.

Y como me dijo alguien el otro día, así en un arrebato de amabilidad: uno recibe exactamente lo mismo que da. Y me he dado cuenta, ahora más que nunca, entre los letones, que son conocidos por ser un poco fríos al principio, que una sonrisa es INFALIBLE (tampoco es que vaya a estar yo aquí sonriendo como una idiota a todo el mundo, pero bueno, ya me entendéis). Yo creo que el secreto está en acoplarte a ellos sin llamar mucho la atención, ser uno más, y hacer que la gente confíe en ti, que se sienta a gusto a tu lado. Sin hablar mucho. Sin atosigamientos. Y entonces sí que eres el mejor. Sin Apple ni leches.
Fin de mi declaración de intenciones. Llevamos más de una semana sin un mísero rayito de Sol y se ve que me está afectando un poco..jaja.
Un beso
Me gustó tu reflexión, Valiente.
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